James Turrell y la luz en San Pedro Ochil

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“Si definimos arte como experiencia, podemos suponer que el espectador, después de ver una obra, se lleva el arte consigo, porque ha sido hecho parte de su experiencia. […] En primer lugar, no me ocupo de ningún objeto. El objeto es la percepción misma. En segundo lugar, no me ocupo de ninguna imagen, porque quiero evitar el pensamiento simbólico asociativo. En tercer lugar, tampoco me ocupo de ningún objetivo ni de ningún punto en especial donde mirar. Sin objeto, sin imagen y sin objetivo, ¿qué es lo que miras? Te miras a ti mismo”. 

J. Turrell 

     James Turell no necesita un bastidor, el artista californiano traslada los temas esenciales de la pintura tradicional a lo etéreo, fuera de la tela, sus pinceles son de luz… crea espacios sencillos en los que la luz y el espectador mismo son los únicos protagonistas.

Sus obras se caracterizan por tener una presentación sencilla y estricta de lo sublime, son paisajes en los que no hay arriba ni abajo, que dejan espacio para la libre interpretación y la introspección; El arte de Turrell requiere una mayor conciencia de sí mismo, de la contemplación, la paciencia y la meditación… la obra sucede en realidad dentro de ti.

El Árbol de Luz, en Hacienda San Pedro Ochil, es un claro ejemplo de la obra de Turell… toma elementos del paisaje, un cenote, un árbol, un relajante y al mismo tiempo imponente espacio creado por la naturaleza y hace su propia interpretación del mismo a través de la luz, como si el lugar tuviese una doble vida, es uno de día y despierta por la noche para adquirir su otra personalidad, mágica.

La obra de Turrell no puede ser captada de otra manera que con la experiencia misma, no hay forma de que la fotografía o el video puedan capturarla en su totalidad porque está pensada para ser vivida, sentida, para causar un efecto en ti que se quede para siempre… tienes que estar ahí.

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