Tres Haciendas en Yucatán que te dejarán sin palabras

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La historia de las haciendas en Yucatán es casi una leyenda. Durante la segunda mitad del siglo XIX antiguas familias, que desde la época colonial poseían grandes propiedades, con el auge del henequén en menos de cien años multiplicaron por mil su fortuna haciendo posible construir hermosos palacios en medio de la selva. Se trataba de pequeños mundos con sus propias leyes, comercio y, en algunos casos, hasta moneda. Pero esa bonanza se evaporó en las primeras décadas del siglo XX con la aparición de las fibras textiles artificiales, cuya producción era más rápida y barata. De la noche a la mañana, la mayoría de las haciendas quedaron abandonadas a su suerte, convirtiéndose en venerables ruinas devoradas por la vegetación, que permanecían como testigos mudos de una época legendaria. Hoy te contaremos sobre tres haciendas que han sido rescatadas del olvido y que actualmente forman parte de la colección de propiedades de Private Haciendas.

Hacienda Tamchen

Los suntuosos muros de piedra de la Hacienda Tamchen se derrumbaron en algunos puntos, dejando huecos que dan a la selva. En lugar de reparar estas aperturas con material sólido, se sellaron con vidrios, conservando así la comunicación hacia la naturaleza circundante. Dentro de este espacio enorme y despejado, el silencio realza los sonidos más tenues de los pájaros. El rescate de esta propiedad no pretendió ser un proyecto de restauración; lo que se buscaba era conservar la ruina, consolidarla, detener su proceso de envejecimiento para volverla segura, y que cualquier inserción que se hiciera se notara claramente como una contemporánea.

Al visitar Tamchen tu lugar favorito para pasar las horas será la espectacular piscina rodeada de un estanque de nenúfares, desde donde se tiene una visión 360° de todo el casco de la hacienda. A medida que baja el sol, la luz cambiante realza los colores y la textura de los muros de piedra. Cuando finalmente es de noche, la piedra cobra vida bajo la estratégica iluminación nocturna, volviéndola una escultura fantástica que revelan las formas que sólo el paso del tiempo puede modelar, las “imperfecciones” de una arquitectura viva, modificada por las estaciones y la naturaleza.

La cocina de esta hacienda nos deslumbra. Si bien el mobiliario de cemento alisado es actual, sus muros y techos altísimos como los de una iglesia son antiguos, y se llenan del eco de viejas voces, en ella los huéspedes pueden aprender a preparar las recetas más tradicionales de la gastronomía yucateca con expertas cocineras.

Hacienda Tixnuc

La segunda propiedad de Private Haciendas de la que hablaremos hoy tiene un aire salvaje, mucho más aislada de la “civilización”, ya dentro de la selva. En ella encontrarás un laberinto de ruinas mitológicas, intervenidas muy creativamente por los arquitectos. Salones donde ya no hay techo, con muros lisos, puertas y ventanas abiertas al cielo o a la selva, que en Tixnuc es la protagonista de todo. Aquí podrás disfrutar de almuerzos a la sombra de un ficus gigante, rodeado por ceibas y otros árboles centenarios, mucho más antiguos que la hacienda. Una alberca se esconde entre la vegetación, bajo los framboyanes en flor, y por todos lados nos visitan pájaros coloridos que vienen a beber. Cuando empieza a anochecer, miles de ranas invisibles dan un concierto.

En el centro de los jardines, el pequeño casco de la hacienda, donde se encuentra la sala de estar y la cocina, también parece no tener un afuera y un adentro delimitado, ya que los arroyos corren en su interior y los árboles crecen dentro del edificio. La habitación principal, llamada “el Cuarto del Patrón”, es simplemente increíble. El ex cuarto de máquinas, que estaba en ruinas, está techado ahora con una estructura nueva que no toca los altos muros antiguos, dejando entrar la luz. Adentro se puede convivir con un par de álamos que todavía se aferran a estas paredes y emergen por el techo. Los vestigios originales ya estaban integrados a la naturaleza, y esto se ha respetado. Los pocos muebles son simples y antiguos, elegidos con precisión.

Hacienda Cuzumal

Para llegar a esta propiedad atravesarás tierras deshabitadas. La casa principal es austera y hermosa, abrazada por señores árboles que despliegan sus copas y raíces gigantescas. Allí se encuentra el Cuarto del Patrón, donde pueden verse aún algunos de los frescos originales en los muros. El baño te impresionará con un espacio por poco tan grande como la habitación, en el que se luce una gran tina de piedra, antiquísima, recuperada entre otros muchos tesoros que los siglos dejaron olvidados por aquí. De repente, algo detrás de la casa, una imagen que parece sacada de un sueño atrapará tu atención, un gran espejo de agua en perfecta calma refleja con precisión fotográfica el cielo azul con nubes, el sol vaporoso, la telaraña de ramas de los árboles, el muro de piedra. Déjate enamorar por su belleza minimalista y funcional. Muy amplia, se eleva del suelo un par de metros, con un aire de casa del árbol. Te maravillará descubrir que todas las paredes de madera en realidad son persianas con mosquitero que pueden abrirse completamente, al hacerlo, te encontrarás en medio del bosque a 360°, rodeado de follaje, brisa, pájaros y el reflejo del agua muy cerca. Un refugio para poder ver sin ser vistos.

Las horas pasan y el cielo multiplica sus cambios en el espejo de agua. A las 6 pm el lago se vuelve rojo y lila en un atardecer espectacular. Cuando llega la noche se convierte en un cielo estrellado al revés. Al visitarla podrás cenar bajo los arcos de la casona, junto al lago. Estas haciendas no tienen comedores como tal, ya que se montan escenarios distintos dependiendo del día, el clima o la hora, es decir, que podrías tomar el desayuno debajo de un árbol y la cena debajo de las estrellas junto a un cuerpo de agua, y así poder disfrutar de la naturaleza y de la historia con todas las comodidades contemporáneas.

Sabemos que todos los viajes son capaces de tocar al cuerpo y al alma, pero al visitar estas haciendas te llevarás la sensación del cielo, el agua, la selva, el silencio, y todo lo esencial que no necesita ni busca explicación.